Después de dos jornadas

Hablar de lo que está pasando esta temporada sin cuestionar los árbitros parece muy difícil, pero se puede hacer. En cualquier análisis saltar un tema es siempre una falta, pero hay que dar el peso correcto a todos los factores. Cuestionar si un contacto es lo suficientemente fuerte para superar la línea de lo que se permite y desembocar en la sanción del penal puede ser subjetivo. Además el tema de la repetición del penal deja interrogativos abiertos: la tecnología nos dice que Andrés estaba avanzado, de muy poco pero estaba adelantado. Pues quejarse porque los árbitros lo han hecho demasiado bien es peligroso, existe el riesgo que el día que los árbitros lo hagan demasiado bien cuando la decisión es favorable al Villarreal nos pueda llevar a contradecirnos.  

Además de esto está la cuestión de la entrada de dos jugadores en el área antes del disparo de la repetición del primer penal (el segundo lanzado). Esto sería el único grave error del VAR pero hay que fijarse en el hecho que ahora los árbitros están más concentrados en las nueva reglas y un error en este sentido es más razonable que pensar en una conspiración. De hecho el VAR o el árbitro del partido contra el Levante debían intervenir por una tercera repetición pero no se dieron cuenta. No hay que pensar que este tipo de infracción ya no se valora más, porqué en la primera jornada de Premier League le tocó al Manchester City: después que Agüero falló el penalti el VAR lo hizo repetir por el ingreso de un jugador en el área.

El punto, al respeto de las decisiones arbitrales, es: ¿el Villarreal perdió por eso o por su propia causa? De hecho las dos faltas qué han llevado a los penales son casos-límite, se pueden pitar. Lo que queda muy raro es pensar qué el Submarino Amarillo haya oído como pitan en su contra tres penales en dos jornadas. La temporada en la que el Villarreal tuvo que recibir tres penales en contra en menos partidos fue la 1998/99 cuando le pitaron tres penales en “apenas” diez jornadas. En dos temporadas ni siquiera llegó a recibir tantas penas máximas (en la 2010/11 y en la 2011/12 sólo tuvo que tolerar dos). 

En este sentido es obvio que tener un promedio de un penal y medio por partido afecta al marcador. Pero aquí se abre otra cuestión: ¿tener que tolerar muchos penales en contra es culpa de los árbitros o de los malos mecanismos defensivos? Fijándose en las estadísticas sobre este tipo de problema hay muchas correlaciones entre lugar en la clasificación y número de penaltis recibidos. Es decir que quien juega mejor concede menos y los que se la pasan mal se sienten obligados a tomar más riesgos.

Por eso yo me fijaría en otros tipos de datos. Hay muchos datos que prometen cosas buenas para el futuro, y eso no quiere decir que en esta temporada el Villarreal lo hará bien o que Calleja no tenga problemas por resolver. Pero hay datos que hacen pensar que Calleja no lo está haciendo tan mal como dice el punto en la tabla. Un dato que en estos tiempos va muy de moda son los goles esperados. Hay que recordar que son producidos por algoritmos, cada web tiene su algoritmo y no es una medida científica sino un marcador de mas factores producidos en el terreno de juego.

Hablando del partido del viernes yo miraría los goles esperados al final del primer tiempo. Según Understat el Villarreal dominaba con 1,97 frente al 0,20 del Levante, es decir que en condiciones normales debería estar ganando dos a cero. Según BeetweenThePosts esta diferencia debería ser aún mayor: no deja el dato preciso pero desde el gráfico se supone que el Villarreal llegaba ya a algo como 2,7 antes del descanso contra un 0,1-0,2 del Levante. O sea que con un 0-3 nadie podía quejarse.

goles esperados por minuto - Después de dos jornadas

Otro dato que hay que mirar es la diferencia entre los goles esperados en juego y a balón parado. Contra el Granada el Villarreal pudo crear un coeficiente de 1,52 goles esperados de jugadas y sólo 0,76 a balón parado, mientras el Granada 0,51 en movimiento y 1,96 con la pelota parada. Numeros semejantes a los que se sacan en el Ciudad de Valencia. En juego el Villarreal ganaría con 2,92 contra 0,28 pero a balón parado el Levante rescataría un coeficiente de 1,66 y el Villarreal sólo 0,8. En estos números se marca mucho el peso de los penales y de los servicios de esquina. 

En sólo dos jornadas el Submarino Amarillo lleva una media de tres goles encajados por partido, pero de hecho no ha encajado ni un gol en jugada marcado por los rivales: tres penales, dos desde saque de esquina y uno en propia puerta. Esto puede interpretarse pensando que el Villarreal lo está haciendo muy bien en la cancha y sólo tiene que mejorar en algunas facetas. O también puede interpretarse pensando que se está descuidando algo muy importante como las jugadas de estrategia. Por poner algunos numeros en comparación: entre el 2014 y el 2017 (los últimos de Marcelino y el único de Escribá por completo) el Villarreal en Liga encajó sólo 29 goles a balón parado (19 de estrategia y 10 penales) en 114 partidos. En los últimos dos años (más este arranque de temporada) ya son 40 (29 a balón parado y 11 penales) en 78 partidos. En este principio de temporada la suma de los goles esperados, en este caso con el dato de BeetweenThePosts, el Villarreal llega a 4,46 goles esperados por jugadas y sólo 1,56 a balón parado. Pero el rival le produce 0,79 goles esperados en juego y 3,62 a balón parado.      

porcentajes minutos resultado - Después de dos jornadas

Otro dato interesante es el de los minutos correlacionados con el marcador. En estos dos partidos el Villarreal iba ganando en 106 minutos de los 197 disputados (180 más 13 de tiempo añadido) es decir el 54,9%. Es un porcentaje altísimo que puede producirse sólo en pocos partidos o con una clasificación parcial muy buena. Este dato es a menudo correlacionado con el lugar en la tabla. Entre el 2014 y el 2018, cuatro temporadas en las que el Villarreal obtuvo una plaza europea, siguió incrementando este porcentaje desde el 22,2% hasta el 32,2%. En la temporada pasada, la de la bajada de los resultados, sólo pudo llegar al 16,5%, el dato más bajo desde su regreso a Primera.

Hay datos que hacen pensar que Calleja lo está haciendo bien, aunque no todo. El hecho que en sólo dos partidos se vió delante en el marcador cuatro veces y nunca pudo capitalizar el resultado es una señal que todavía hay que trabajar mucho en la faceta mental. Y la temporada pasada es un claro ejemplo de cómo la fuerza psicológica de un grupo puede ser más impactante que el valor técnico. Para terminar hay una última cosa que discutir ¿Los errores de los jugadores son responsabilidad del entrenador? Cuando Pau Torres le pasa la pelota a Andrés Fernández y el Levante se procura el penalti ¿es culpa de los futbolistas o del entrenador que quiere que se saque siempre corto en el área? No se puede saber.

Si tuviéramos la certeza que Calleja le pide a los jugadores que despejen nunca en la vida en la construcción de la jugada, podría ser su culpa sin dudas. Pero la mayoría de los entrenadores a los que le gusta jugar de toque no dan órdenes rígidas sino directivas elásticas: tratamos de hacer este tipo de jugada casi siempre, pero si las circunstancias son demasiado ariesgadas es mejor echarla fuera. Y allí interviene la inteligencia táctica de cada jugador. Una vez Marcelino dijo algo que lo resume muy bien: «El jugador durante noventa minutos tiene que tomar decisiones en poco tiempo y hay una serie de variables que lo ayudan a tomar mejores o peores decisiones, nuestro trabajo es hacer que el jugador tome la decisión correcta». Es decir que la tarea del entrenador es la de sacar el mejor rendimiento posible a los jugadores y entrenar a tomar las mejores decisiones posibles en el menor tiempo posible. Entender si este jugador es capaz o no es capaz de tomar ese tipo de decisiones es su preocupación y con base a estos datos tiene que modelar el colectivo para sacar la mejor manera de jugar con las características de los futbolistas que tiene. Por eso, al final, lo bueno y lo malo de un equipo debería ser un mérito o demérito del entrenador. Pero esto vale a largo plazo, en un solo partido, en un deporte como el fútbol, se suele depender de los episodios. Si los episodios se convierten en la normalidad entonces el entrenador lo está haciendo mal.

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