En otra piel (CD Castellón-Villarreal B)

 

Sé que intentar entender a los demás no es un valor en alza, pero intento meterme en la piel del vecino.
Antes de empezar, un aviso: Si entre los que leen esto hay algún jovencito que sólo recuerda al Villarreal en la élite y que se cree que dios hizo el mundo y el segundo día puso al Villarreal en primera, puede dejar de leer. Puede que lo que voy a contar no le interese. Si, por otra parte, hay alguien que cree que, puesto que voy a escribir sobre el partido del B contra el Castellón, haré sangre de un rival en horas bajas, también puede ahorrase la lectura. No haré sangre, aunque no excluyo que algún albinegro, o algún amarillo, se molesten. Si después de esto queda alguien, pues adelante: Vamos a hablar del próximo rival del B, un equipo que ya está casi descendido.

Para un buen aficionado, un descenso es algo muy duro. Cuando ocurre se siente algo parecido a lo que se siente cuando se pierde un partido, pero con muchísima más intensidad, y ese runruneo asesino no se pasa en dos días. Normalmente no te pilla por sorpresa, porque tu equipo te va avisando. Te va dosificando la frustración, la impotencia, la rabia. Los ves jugar y sabes que será difícil, pero siempre mantienes la esperanza. Primero te dices “ganando dos partidos salimos de ahí”. Luego te engañas pensando que ganando tres partidos ya estás otra vez en la pelea. A veces te lo juegas todo en las últimas jornadas, y esos días son un sinvivir. A veces, te das cuenta de que ya todo está perdido mucho antes e intentas quitarte de en medio, aislarte, esforzándote por no ver ningún partido, no leer prensa deportiva, no enterarte…..Intentando que la temporada pase rápido. Pero es difícil. Si de verdad sientes a tu equipo, simplemente no puedes. Y punto.

Un descenso es algo de lo que sólo te libras si no te gusta el fútbol o si eres del Madrid o del Barça. Para ellos esa amenaza simplemente no existe, para los demás es una posibilidad que alguna vez se convierte en algo muy real. Un cataclismo próximo o lejano, pero siempre posible. Conviene no olvidarlo, porque la tierra da vueltas, y cada vuelta es un día. Y después de muchas vueltas te puedes encontrar comiéndote la misma mierda que te creías que sólo era para los demás.

Sé que intentar entender a los demás no es un valor en alza, pero intento meterme en la piel del vecino. Lo que les ha ocurrido este año es un guión que podría haber escrito el peor de sus enemigos y no lo hubiera hecho más cruel. Ni la guinda podría ser más despiadada: cuando se hace patente que no hay futuro les visita, no ya el que consideran su enemigo, sino su filial.

Sé que muchos de los que leéis esto os habéis sentido demasiadas veces ofendidos frente a actitudes y comentarios de algunos aficionados albinegros. Yo también, aunque creo, o quiero creer, que son una minoría, si bien es cierto que se hacen muy patentes a poco que se pulse su opinión. Son diez años en los que hemos pasado de ser vistos como un equipo simpático e inofensivo a ser considerados, de manera exagerada, como causa de sus males y peligro para su propia supervivencia. Son diez años poniéndonos fecha de caducidad para acabar caducando bruscamente ante nuestros propios ojos. No descarto que algunas actitudes prepotentes de gente que ha llegado a la familia amarilla aprovechando la bonanza haya ayudado a ello, pero también constato que nos ha pasado a nosotros y le pasaría cualquiera de esta tierra si siguiera nuestra trayectoria. Nuestro pecado es haber crecido más de lo que un equipo simpático de pueblo tiene permitido crecer. Hemos crecido lo suficiente para hacer sombra y eso tiene un peaje y habrá que asumirlo.

Así pues, “els xiquets” visitan Castalia y con ellos supongo que un buen número de aficionados amarillos. El desplazamiento es cómodo, los chavales juegan de cine y todo eso. La verdad es que apetece ir, de la misma manera que apetece acercarse cada quince días por la Ciudad Deportiva

Los aficionados que se pongan en la nueva jaula de Castalia, quieran o no, son una parte, pero serán vistos como el todo. No es justo, pero estas cosas funcionan así. En su actitud, en sus cánticos, en sus pancartas se verá no a un grupo de aficionados, sino a toda la afición amarilla. No soy nadie para pedir nada, pero desde la nada más absoluta quiero pedirles a esos aficionados respeto. Respeto a un club con historia que bien o mal nos ha representado muchas veces. Respeto a una afición que no son veinte exaltados que no nos respetan, sino mucha gente que ama a su club porque es el de toda su vida. Respeto a una institución, aunque sus propios dirigentes no la respeten. Sólo si mostramos respeto tendrá sentido exigir que nos respeten.

Mitrídates

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