El Villarreal arrasa al Celta

Noche de fiesta en El Madrigal, el Villarreal de Fran Escribá funciona, vaya si funciona. El estadio repleto, como siempre en todas y cada una de las citas que esta temporada ha albergado. Rebosante, con un ambientazo de gala, dispuesto a disfrutar, haciéndolo gracias a que este submarino, de momento, funciona como un reloj.

Escribá, cuya capacidad para dirigir un proyecto ambicioso se cuestionó desde el primer segundo de su llegada, hoy le ha ganado la mano a Berizzo, obligando al argentino incluso a cambiar su planteamiento inicial. Ya no es solo eso, ha conseguido callar las bocas discordantes, los que querían un “Pellegrini” o un nombre glamouroso para el banquillo de su equipo. Desde fuera todos podemos opinar, todos lo hacemos. Pero los profesionales, los que viven el día a día del fútbol y saben de esto, saben porque hacen las cosas y porque toman ciertas decisiones.

Y ahí está el Villarreal, invicto tras ocho jornadas, asociándose cada vez mejor, asimilando alternativas a lo ya conocido, a lo que ha venido haciendo muy bien con Marcelino. Este Villarreal, además, no renuncia a la posesión, a ser protagonista, a buscar romper al adversario en estático, cuando hay pocos espacios, sumando más recursos para derrotar al rival.

El Madrigal vive un momento feliz. En la grada se ha respirado ambiente de fiesta, los cerca de 19.000, todos salvo Roig (que dice que no le gusta), hicieron la ola mexicana cuando el resultado ya era de 4-0. También hubo espectáculo luminoso con la linterna de los móviles, el “show” del rectángulo de juego contagió a todos. Esto funciona y hay que disfrutarlo.

 

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