Borja Valero cuenta detalles de su estancia en Villarreal “Cuando llegué había jugadores señalados por desobedecer normas de vestuario”

El pasado 6 de Septiembre Borja Valero y el periodista Benedetto Ferrara publicaron un libro autobiográfico del jugador llamado Un altro calcio, a continuación extraemos las partes en las que habla de su llegada y estancia en el Villarreal CF. Borja Valero acaba de renovar su contrato por un equipo de Florencia que juega en sexta división, se llama Centro Sportivo Lebowski

Cap. 7 Vuelta a casa

Mi representante recibió dos propuestas: una del Sevilla […] y otra del Villarreal. La primera significaba Champions League, la segunda Europa League. En cualquier caso un excelente paso adelante.

Las negociaciones con el Sevilla se rompieron por un incidente diplomático. La entidad andaluza envió la oferta de mi fichaje al West Bromwich Albion por e-mail, sin ni siquiera una llamada, y los dirigentes ingleses consideraron ese gesto una falta de respeto. Entonces truncaron las relaciones.

«Nada que hacer» me confirmó mi agente «ya vamos a ver si el Villarreal da la estocada».

Lo hizo, Fernando Roig Negueroles, el hijo del presidente del Villarreal, se presentó en Birmingham para negociar mi fichaje y ponerme bajo los ojos un muy buen contrato. Desde mi punto de vista, todo estaba bien. Pero antes de pasar a firmar había que esperar la decisión del West Bromwich Albion, qué aún debía aceptar la oferta. Acompañé Roig Negueroles a la sede y esperé afuera de la oficina mientras negociaban.

Me senté.

Esperé.

Seguí esperando.

Cuando finalmente la puerta se abrió, solo necesité una mirada para comprender que las cosas no iban bien. La expresión pintada sobre la cara de Roig era inequívoca. 

«Quieren mas dinero» me dijo. «Los derechos de formación. Así funciona aquí».

«Por favor, para mí es importante. Muy importante».

«Es difícil» sacudió la cabeza «Sinceramente no creo que logremos cerrar la operación». Luego se dió la vuelta y volvió a las oficinas.

La puerta se cerró y me hundí en la silla.

Seguí esperando ¿Que mas podía hacer?

Tardó otras cuatro horas pero finalmente hubo fumata blanca. las dos entidades llegaron a un acuerdo.

Esa noche me fui con Roig Negueroles a ver el España-Alemania en un pub. Justo tras el momento del 1-0 con el cual Puyol nos llevó a la final del Mundial sudafricano, corrí a preparar la maleta. A la mañana siguiente ya estaba en Valencia. Desde allí, llegar a Villarreal fue rapidísimo.

Cap. 8 – La temporada perfecta

Villarreal es un pueblo de 50 mil habitantes, a pocos kilómetros de Valencia y a dos pasos del mar. El club de fútbol es su buque insignia: organizadísimo y ambicioso, mucha pasión y scouting de alto nivel. Con un pequeño estadio muy caliente. Si tuviese que hacer una comparación con lo que he visto en toda mi trayectoria como futbolista, puedo decir que el Villarreal es para la Liga, lo que el Sassuolo es para la Serie A: un lugar especial donde hacer crecer talentos. El hecho de que hicieran de todo para ficharme me hizo sentir orgulloso.

Apenas instalados, una de las primera cosas que dije a Rocío [esposa de Borja Valero] fue: «Ya no tengo que mirar la clasificación para ver si nos salvamos o no». Era una preciosa novedad para mi carrera, formar parte de un equipo con un objetivo más ambicioso.

Rocío y yo decidimos vivir en Castellón, no muy lejos de los campos de entrenamiento. De hecho teníamos todo: el sol, el mar, nada de tráfico, cero estrés. Casi como en Mallorca, pero en un club más ambicioso y organizado. Con ese detalle de más que se llamaba sueldo…

[…]

El Villarreal parecía un equipo dibujado justo para mi: un ambiente sereno, donde jugar un fútbol divertido y con iniciativa, con una una marcada propensión ofensiva. Sin embargo la gran repercusión de la crisis económica había obligado a un mercado austero, quedamos un buen grupo. Dos nombres sobre todo: “Pepito” Rossi y “Santi” Cazorla. Sin olvidar a gente como Senna, Bruno y Nilmar. La calidad no se echaba en falta, ya que en el 4-4-2 yo jugaba a la derecha y Cazorla a la izquierda.

[…]

Cuando llegué al Villarreal había algunos jugadores a punto de ser traspasados, porque habían desobedecido las reglas del vestuario. Nadie me contó qué pasó exactamente, pero de lo que se hablaba era que habían regresado tarde la noche antes de un partido. Reglas violadas, destino marcado: adiós Villarreal.

Entre ellos estaba también Gonzalo Rodríguez, central argentino con mucha técnica y personalidad, con el cual, dos años más tarde, me fui a Italia. En ese momento Gonzalo consiguió el perdón del club: pagó una sanción y fue reincorporado. Fue una gran noticia , ya que es un gran defensor y aún más un gran amigo.

[…]

Un día pasó algo sorprendente y, tal vez, inexplicable: el «Mediterráneo», un periódico local, me puso diez en las notas. ¿Diez? Oye, quizás se podía dar a Maradona tras el gol a Inglaterra… O a alguien que marca un triplete y da cuatro asistencias. El diez nunca aparece en las notas de los periódicos, que suelen poner ocho para decir “fantástico” y cuatro para decir “pésimo”. Si tengo que ser sincero, ni siquiera recuerdo que partido fue, solo recuerdo ese diez. El punto es que Capdevila hizo que eso tuviera repercusión Si, porque Joan no era solo un jugador buenísimo y con mucha experiencia, sino que sobre todo era un tipo al que le gustaba bromear y divertirse. Y yo era una de sus víctimas favoritas.

El día que salió el diez en el «Mediterráneo» estábamos paseando juntos por el centro, y él empezó a parar a los transeúntes.

«Sabía usted que este tipo sacó diez en el Mediterráneo?» 

«¿Usted se da cuenta que estoy caminando con alguien que ha sacado diez en el periódico?»

«Adelante! ¡De la enhorabuena a un jugador diez!»

Así todo el día…

Yo, obviamente, le rogaba que parase y él mientras, me hacía siempre más pequeño, hasta desaparecer. Yo soy tímido, sentirme avergonzado frente a gente desconocida me hacía ruborizar, pero tengo que decir que esta historia la recuerdo con placer, también porque un diez es para siempre. En el sentido que, si recibes uno, hay que mantenerlo apretado.

[…]

Aquella temporada fue algo especial, semifinal de Europa League y cuarta plaza en Liga […] fue un éxito excepcional. Creo que fue porque el grupo estaba muy unido: las familias, los niños, salíamos cada vez que era posible. Y cuando disfrutas pasando el tiempo juntos, significa que estás preparado a sacrificarte el uno para el otro cuando entras en el campo. […]

Mi primer año en el Villarreal fue una temporada inolvidable bajo mucho puntos de vista, estaba preparado a declararme completamente feliz.

Cap. 9 – La caída

Entendimos que el camino en la Champions iba a ser difícil ya en la fase previa, cuando perdimos el partido de ida (1-0) contra los daneses del Odense y estuvimos obligados a revertir la situación en la vuelta en casa.

Aquel partido para mi fue peculiar por usar un eufemismo. En algún momento, durante una entrada, me golpearon en la cabeza. En la excitación del momento, me convencí que era una falta intencionada, que el rival trató de lastimarme. No vi nada más: reaccioné bruscamente, golpeé a un rival dándole un cabezazo en el pecho. La tarjeta roja fue automática, el gesto fue evidente. […] Afortunadamente cuatro minutos tras mi salida Carlos Marchena cerró la calificación marcando el 3-0 que significaba la clasificación para la Champions League.

[…]

Ese equipo había estado construido para crear, no para luchar. La verdad era que no estábamos acostumbrados al miedo: pocos meses antes éramos parte de un grupo feliz de su fútbol y de los resultados. Ahora no funcionaba ya nada. […] A medida que avanzaba la temporada el clima en el vestuario se enfriaba más […] leías el miedo en los ojos de todos.

[…]

El final de esa temporada para mi queda en algo inexplicable. A dos jornadas del final necesitábamos solo un punto para salvarnos, pero el calendario no nos ayudaba: teníamos que enfrentarnos a dos equipos que seguían luchando por la zona Champions League.

Contra el Valencia llegó un gol al 90°… y no lo marcamos nosotros.

«No pasa nada» dijo alguien en el vestuario, tras ese partido.

«Nos falta todavía otro partido» contestaba otro.

«La próxima semana seremos nosotros los que celebraremos» decía otro más, y trataba de decirlo con firmeza.

Pero el miedo no quería irse de nuestros ojos.

[…]

El 13 de mayo saltamos al campo con las piernas flojas y paranoicos. Tras el gol del Málaga comenzamos a sentir un ligero alivio.

«Oye, no compliquemos las cosas» susurró un compañero a los rivales del Atlético «no podéis ir a la Champions, ni siquiera si ganáis…». Ellos, con razón, no respondieron a la provocación. Finalmente al minuto 88 Falcao nos tiró a la lona y nos quitó todas las ilusiones.

Tras el descenso no salí de mi vivienda en una semana. Siete días de autoexclusión, donde mi máximo esfuerzo fue abrir y cerrar la ventana. Luego el resto, silencio y reflexiones existenciales, a salvo en mi guarida. No fue por miedo a los aficionados, que en Villarreal son tranquilos y poco organizados. Estaba realmente deprimido. No tenía ganas de hacer nada. Miraba la tv, jugaba con mi hijo Álvaro – el único capaz de arrancarme una sonrisa, aunque no muy convencida -, hablaba menos que lo usual. Toda la felicidad sobre la cual había surfeado por un año se desvaneció. Estaba hundido y confuso.

En ese momento fui golpeado por algo aún más grave. Un viaje en el dolor que no estaba preparado a enfrentar, algo que cambió profundamente mi vida.

«Borja, hoy fui al hospital.» Era la voz de mi madre, sin duda, aunque no lograba reconocerla. «Me sometí a algunos controles».

Esperé.

«No han ido bien» siguió ella. Su voz, generalmente a todo volumen y enérgica, era baja, como si estuviera velada. «El tumor ha vuelto».

Recibí esa llamada uno de los días siguientes al descenso. Álvaro reclamaba mi atención, pero yo no escuchaba nada, solo esa palabra «tumor».

[…]

Nunca había sentido un miedo tan fuerte. Era mi primer desafío de hombre. Quizás ni siquiera estaba preparado para ser padre, pero lo deseaba. Esta vez, en cambio, estaba ocurriendo algo imprevisto y dramático.

[…] Cuando me fui al hospital la situación era muy tensa. Ella quería ganar su batalla pero estaba cansada por las terapias. Mi padre no ayudaba: de hecho no nos hablamos. O, en todo caso, nos limitamos a lo mínimo indispensable. Antes de irme abracé a mi madre y le dije que siempre estaría para ella. Aunque no estaba en Madrid, iría siempre que lo necesitara. «Solo tienes que pensar en mejorar». 

Yo también tenía que luchar y retomar mi vida. No tenía que dejar que los pensamientos negativos me ahogaran y reflexionar acerca del futuro, aunque sí era difícil. Era lo que quería ella. Una vez de vuelta a Villarreal pedí cita a los directivos.

«Tengo 27 años» dije «es un momento muy importante de mi carrera y me gustaría enfrentar nuevos retos».

Cap. 10 – Interludio con la Roja

Del Bosque me puso en la convocatoria para un amistoso en Boston con los Estados Unidos. Aunque si tomé la diez, me senté en el banquillo. Era un partido fácil (estábamos ganando sin esfuerzo), sin embargo estaba muy nervioso: sabía que, muy probablemente, hubiera entrado en la cancha.

Del Bosque me dijo que calentara al principio del segundo tiempo junto a Capdevila, con el cual compartí muchos momentos lindos en Villarreal. En algún momento nos dijo a ambos «Van a entrar los dos». Mis piernas temblaban de agitación y esperaba que no se viera desde afuera. Vino Capdevila a minimizar mi tensión con una broma típica de las suyas.

«¿Te lo vas a creer?» dijo «¡estas entrando a la cancha con el mítico Capdevila!»

Me reí, me solté, y hasta puse una asistencia.

Cap. 11 – Dos españoles en Florencia

En el verano 2012 llegaron dos ofertas: Fiorentina y Fenerbahce. […]

Resultó que la Fiorentina quería a Gonzalo, mi amigo y compañero en el Villarreal, y a mí. Y que la operación se hubiera cerrado solo con ambos por un tema de contratos: de hecho el West Bromwich Albion tenía un porcentaje sobre mi próxima venta, pero solo si hubiera alcanzado una determinada cifra. Considerando que el Villarreal quería evitar que se entregara parte de la venta a los ingleses, pidieron que se trasladara parte del dinero de mi fichaje sobre la operación para vender a Gonzalo. De hecho teníamos un destino común.

Eduardo Macia, director deportivo de la Fiorentina, era español e insistió con Alejandro, mi representante, que insistió conmigo.

Un día le dije: «Ya que insistes mucho, hagamos así: si me entregan esta cifra, acepto en seguida».

«Que cifra?»

Y le dije una ficha muy alta.

Alejandro no se sorprendió: «Mira que no te lo van a dar, pero tendrías que aceptar igual».

Luego Gonzalo me llamó y me dijo: «Venga, vamos a Florencia juntos, Borja, yo iré solo si estás conmigo».

Su llamada y sobre todo su determinación disiparon mis dudas. Decidí aceptar la propuesta de la Fiorentina.

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