¿Como lo hizo Unai Emery?

Unai Emery hizo lo que nadie antes había podido hacer en este club (y en absoluto en esta competición). Llegar a una final con el Villarreal, que nunca había logrado ni siquiera ganar el trofeo de liga de Segunda División. Lo ha logrado en el primer intento, cuando en cambio el Submarino Amarillo ya había jugado cinco semifinales en su historia (una en la Champions League, una en la Copa Uefa, dos en la Europa League y una en la Copa del Rey) y nunca había avanzado a la final. Por otro lado, si este trofeo ha sido apodado por alguien Unai Emery League debe haber una razón. El técnico vasco en esta competición tiene una serie de récords difíciles de batir: tres títulos consecutivos con el Sevilla, veinticuatro rondas superadas consecutivamente hasta la final con el Arsenal, veintidós eliminatorias ganadas con todos sus equipos, y ahora jugará su quinta final continental. También considerando las copas nacionales será la décima y siempre ha traído a casa al menos un trofeo por temporada. ¿Pero cómo lo hizo?

Por lo que sucedió anoche, podemos intentar encontrar una respuesta. Los secretos del éxito son siempre muchos y no se pueden reducir a un solo factor. Además de ser un gran entrenador, Emery es un excelente motivador y comunicador como pocos. Sabe cómo dar forma a un equipo no solo a nivel táctico, sino sobre todo a nivel psicológico, sabe entrar en la cabeza de sus jugadores y transformar la mentalidad de sus hombres. Y además, por si fuera poco, sabe buscar esa dosis de suerte necesaria para que cualquier líder gane las batallas más difíciles. Unai Emery es, sin duda, todo esto, y el principal artífice de esta empresa. Muchos de sus jugadores del ciclo en Sevilla todavía tienen en la cabeza sus discursos motivadores entre la primera y la segunda parte de los partidos más importantes. Son los detalles los que marcan la diferencia.

Pero para contar y explicar quien es Emery se necesitaría todo un libro. Mejor centrarse en el partido de Londres, en cómo se diferencia su Villarreal de los de Pellegrini o Marcelino. No tanto en la ida, cuando el Submarino Amarillo hizo un gran partido, apoyado en una actuación colectiva de alto perfil y un resultado un poco ajustado tras el nivel de juego expresado en el campo. Más que nada en la vuelta, vimos la verdadera diferencia. Si puedes y quieres buscar una comparación, deberías volver a la semifinal contra el Liverpool de Klopp (que luego fue derrotado por el Sevilla de Emery en la final). Porque ante el Arsenal en la Champions League y el Oporto en 2011, el Villarreal salió al campo con la necesidad y el deber de tener que marcar para revertir la derrota de la ida. Mientras que contra los Reds, Marcelino tuvo la oportunidad de preparar un partido de otro tipo, gracias a la victoria en España, al igual que esta vez.

Si hace cinco años los hombres de Marcelino se licuaron ante un equipo más fuerte y más consciente de sus medios, esta vez aguantaron casi cien minutos de juego. Es decir, el Arsenal hizo el Villarreal: jugó mejor, empujó fuerte, tuvo mala suerte, golpeó dos palos con Aubameyang (el segundo es para no creérselo) y al final no logró el pase. El dejà-vu nos lleva de regreso a Highbury y a esa noche desastrosa en la que Riquelme falló el penalti más famoso de la historia de Amarilla. La revancha se ha completado. Más o menos: esa era la Champions League, esta es la Europa League. Pero más o menos, pongámoslo de esta manera. Y ya volviendo con lo de anoche. El Villarreal jugó como un “grande”.

Y jugar como un club grande no significa jugar bien, no significa dominar a tu rival, tampoco significa no correr riesgos. Las directivas del técnico parecían claras desde el principio: calma, calma y …todavía calma. En cuanto el Villarreal recuperaba el balón, fuera quien fuera, lo primero que hacia era buscar un pase vertical hacia al portero. Perder tiempo, no buscar gol sino ralentizar el ritmo, ralentizar el juego, anestesiarlo. Una actitud que con roles invertidos hubiera sido molesta y frustrante. Al contrario: que en caso de gol de los ingleses se hubiera vuelto en contra. ¿Cómo se puede esperar defender una miserable ventaja de un solo gol durante noventa minutos, dejando de jugar ese fútbol directo que había hecho hermoso pero desafortunado al Villarreal una semana antes? Si no funcionaba, el principal culpable sería Emery. Si yo hubiera sido el entrenador, nunca hubiera preparado el partido así, e incluso como espectador me pareció un suicidio. Pero no soy entrenador, no enseño fútbol y no lo practico, solo miro y juzgo. Por otro lado Emery sigue el fútbol por pasión y profesión, es entrenador, ha ganado más trofeos de los que yo he ganado jugando a Parchis en Internet. Y una vez más tenía razón. Este es Unai Emery.

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