De vuelta a casa con la Copa de la UEFA

He necesitado tiempo para asimilar la majestuosidad llena de misticismo épico que nos ha proclamado CAMPEONES. Cada instante vivido y soñado, desde que llegamos a la final, esa carga ilusionante, esa abrumadora ilusión me ha teñido con una mezcla de tensión, los días previos al envite y toda la laboriosidad logística de este desplazamiento ha sido recompensada.

Cada peldaño subiendo al avión imaginaba que era gigante y que todas las personas que integran la gran familia amarilla que no habían podido venir subían con nosotros. Al pisar el suelo polaco, me entraron ganas de hacer como el Papa Juan Pablo II natural de allí, que besaba arrodillado el suelo en cada viaje a un país, porque presentía que esa tierra nos iba a dar la gloria horas más tarde. Ya en el centro de la ciudad me cercioraba de lo que siempre creí: las finales siempre se empiezan a ganar horas antes.

Estaba muy confiado porque el mar amarillo de nuestra hinchada teñía Gdansk de color y de cánticos. Ya llegando al estadio, con esa imagen de platillo volante de otros mundos, soñé que entrábamos al acceder en otra dimensión, con espacio y tiempo porque lo necesitábamos para ganar al Manchester United, pero con rumbo a un planeta llamado Gloria. Miraba de reojo los rostros de toda la afición y el ímpetu en la salida de nuestros jugadores, la competitividad amarilla en el partido, la resistencia de la “aldea” frente a un imperio, luego la tortura de los penales pero con fe absoluta. Me semi-arrodillé, entre fila y fila de asientos y con la bandera en la barandilla tocando con mi mano izquierda el rostro de Sant Pasqual y con mi mano derecha el rostro de Robin. Sentí una sensación de entrar en levitación angustiosa, un penal tras otro, tac, tac, tac, hasta que vino la apoteosis colectiva. Saltando, bramando, gritando, abrazándonos con gente que no conocíamos.

Luego el súmum de nuestra afición, todo nuestro pueblo rindiendo pleitesía a nuestros héroes. Lo hemos conseguido, por los que durante 98 años han asfaltado cada uno con un granito este camino tan dificultoso. Gracias Dios por esta honra tan descomunal, por esta alegría tan enérgica, por estos lloros, por hacer feliz a todo un pueblo, a nuestro presidente y a todos los que amamos a nuestro Villarreal C.F. SOMOS CAMPEONEEEEEEEEEEEEEEEEEES! Nos llevaremos esto a la tumba. Ya me puedo morir tranquilo carajoooooo! Endavant Villarreal C.F. fins la mort!

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