Por qué la derrota en Copa aún duele

El disgusto por la eliminación en la Copa del Rey sigue, pero ya empieza a tomar una forma, las emociones se transforman en pensamientos lúcidos. Salir de un palo es siempre complejo pero hay decepciones que se pueden aceptar y otras que no se pueden aceptar. Como en cualquier cosa hay dos diferentes corrientes de pensamientos, y en el entorno del Villarreal vigente dos filosofías: la de los que siempre exigen más de lo que se consigue y la que los que siempre se contentan con lo que tenemos. Y como siempre, la razón se queda en medio.

Los que se contentan empiezan a mencionar los axiomas de siempre: somos un pueblo de cincuenta mil habitantes que tiene que competir con ciudades veinte veces mayores, un club que recientemente ha llegado a Primera después de años y años en las categorías inferiores. Esto es cierto, pero hay que interpretarlo y ponerle contexto. No hay que mezclar churras con merinas. El hecho de ser un “pueblito” que compite con las personas mayores y un club que tiene poca historia en los máximos niveles debe ser una razón de orgullo pero no una justificación. Ser del Villarreal significa sentirse orgulloso de poder competir con los grandes, pero ha llegado el momento de quitarse este complejo de inferioridad y luchar por lo que se merece.

No son palabras vacías, ni siquiera declaraciones de guerra: la prioridad es siempre estar unidos y luchar en la misma dirección. Pero cuando hay que valorar una decepción hay que ponerle contexto para ver las cosas desde la perspectiva correcta. Según yo hay que pensar en el presente, no en el pasado. Si somos el séptimo presupuesto de la Liga, el Villarreal debería exigir un lugar en Europa cada temporada. Llegar en zona Champions sería un honor, no un deber, pero luchar por entrar en Europa debería ser el mínimo para no despreciar una temporada. No importa que el Villarreal haya vivido décadas en Tercera o Segunda B, si somos el séptimo presupuesto del campeonato y la sexta plantilla, hay que entrar en Europa si o si.

Cuando Michael Schumacher volvió a la Formula 1 con la Mercedes poseía la mayoría de todos los récords más importantes de este deporte: número de campeonatos mundiales, de grandes premios, de vueltas rápidas y de puntos en carrera. Era lo que ha sido Mayweather en el boxeo, el Real Madrid en el fútbol, ​​Michael Jordan en el baloncesto. Pero volvió en el 2010 con 41 años y con un coche que no estaba entre los más competitivos. Al final no consiguió entrar en el podio ni una vez y cerró el año en el puesto número nueve. La historia decía que había sido el más fuerte de siempre pero en aquella temporada no podía competir con pilotos más jóvenes y con coches más rápidos.

Nadie puede pedir al Recreativo Huelva que gane la Copa de Rey si hay clubes con “menos” historia que han armado equipos más competitivos. En la pista no salen los títulos ganados, salen los jugadores. Si el Villarreal llega a una semifinal de Copa del Rey y cae entre el Barcelona nos podemos entristecer, pero no podemos enfadarnos con los jugadores. Si llega a una semifinal ante un equipo de Segunda División y encaja cuatro goles es normal que la gente se enfade. No es la obsesión por un título, es hacer lo que tiene que hacer: ganar ante los más pequeños y darlo todo ante los más poderosos. No se le exige un título, se le exige que haga el Villarreal.

Repito el concepto. El hecho de que el Villarreal sea un pueblo es un orgullo, pero no puede ser una excusa. Capitales de millones de habitantes como Berlín, Roma o París (hasta hace poco) habían ganado menos que la mitad de ciudades más pequeñas como Múnich, Barcelona o Manchester. Nadie pide al Birmingham (segunda ciudad de Inglaterra) o la Lazio o al Hertha de Berlín que ganen el título por representar ciudades grandes. Al mismo tiempo se le pide al equipo de baloncesto de Venecia (54milas habitantes) que vuelva a ganar el título italiano después de haberlo conseguido en el 2019. Si no lo hará no será un fracaso, pero que luche por lo que puede competir es un derecho de los aficionados. Nadie debería depremirse por perder ante el Valencia o el Athletic Club de Bilbao, pero exigir que se compita y se gane es normal.

Si el Villarreal es el séptimo equipo más fuerte de la Liga y consigue entrar en Europa un año cada dos sería un éxito. Si nunca ganará un título pero siguiera compitiendo contra los más fuertes dejando en la cancha todo lo que ha podido dar la gente no tendrá porque quejarse. Pero caer contra equipos de una categoría inferior por jugar con suplentes y dar una imagen de mal equipo es algo que no se puede aguantar. Si al fin llegáramos séptimos y no entráramos a Europa no sería el fin del mundo, pero saber que equipos como el Getafe lo han hecho mucho mejor con una plantilla menos competitiva y un presupuesto inferior debería influir en la evaluación de la temporada .

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